jueves, 24 de marzo de 2011

Obstáculos psicológicos para la comunicación: el miedo y la timidez

¿Tiene miedo de hablar en público? ¿Le produce ansiedad tener que enfrentarse a un auditorio? Si responde afirmativamente, no se sorprenda. Esto no tiene nada de especial; lo extraño sería lo contrario. Normalmente, la mayoría de las personas sienten miedo, temor o ansiedad cuando tienen que hablar en público.
Ahora bien, si por la índole de su trabajo usted tiene que hablar en público y siente miedo (aquí no importa si es mucho o poco), piense dos cosas: que puede disminuir las incidencias del miedo o la timidez a tal punto que no afectará la calidad de su discurso y que un poco de miedo o temor es saludable; eso evidencia que usted es responsable.
No se preocupe por eliminar completamente el miedo de hablar en público; lo que debemos suprimir es el miedo o la timidez que dificulta, paraliza u obstaculiza para hablar frente a un auditorio. Es lo que se llama “miedo escénico”. Si le sirve de consuelo y de aliento, la historia nos revela que la timidez ha sido el “talón de Aquiles” de grandes personajes históricos, y que buena parte de los oradores han sido personas tímidas. No se desaliente ni se desanime si usted es tímido. “De una cosa por lo menos podemos estar seguros: de que el adiestramiento y la ejercitación harán desvanecer el temor al auditorio, instalándonos por siempre confianza en nosotros mismos y valor”

Cómo afrontar el miedo a hablar en público

  • Conocer bien el tema que se va a desarrollar y estar compenetrado con él
  • Lograr una decontracción/relajación, combinada con una concentración / ensimismamiento
  • Controlar la mecánica corporal
  • Desarrollar actitudes mentales de sostén
    • Proceder con confianza en sí mismo
    • Ansiar ofrecer algo que considera importante que los otros reciban
    • Hablar por una causa
  • Lanzarse al agua con un buen comienzo
  • Estar bien física y mentalmente
  • Respirar adecuadamente
  • Procurar asumir posturas y comportamientos extrovertidos
  • Concentrarse en el discurso, no en uno mismo


Condiciones y cualidades del orador

Condiciones:                     Cualidades:

Naturalidad                        Sinceridad
Fluidez                               Culto a la verdad
Memoria                            Humildad
Sensiblilidad                      Coraje
                                          Paciencia


Tomado de Hablar en público y saber comunicar de Ezequiel Ander-Egg

jueves, 17 de marzo de 2011

El orador

La capacidad para hablar en público ¿es innata o adquirida?

          Existe un acuerdo bastante generalizado que establece que la capacidad para hablar en público es una combinación de lo innato y lo adquirido; es un don y es una conquista.
          Es un don, porque no se puede negar que ciertas cualidades o dones naturales predisponen a determinadas personas a la palabra pública. La seguridad en sí mismo, rasgos más o menos simpáticos, el timbre o potencia de la voz, la prestancia del cuerpo, el aplomo o audacia y, sobre todo, la vitalidad y el entusiasmo son cualidades que ayudan a transformarse en un buen orador.
          Por el contrario, si existen graves deficiencias, sobre todo en la expresión verbal, difícilmente se pueda lograr un pleno desarrollo de la capacidad de comunicación oral. Sin ninguna disposición innata, no se puede llegar a ser un buen orador.
          Y es una conquista, porque si bien ciertas cualidades son necesarias no son suficientes por sí mismas: hay que "hacerse orador". En ninguna persona existen condiciones innatas para la oratoria sólo sujetas a la maduración. Por muy destacadas que sean esas cualidades, siempre es necesario hacer un esfuerzo para prepararse y mejorarlas.

La preparación del orador: ¿cómo aprender a hablar en público?

          En la oratoria, así como en todo arte, ciencia o disciplina, nada puede hacerse sin un trabajo perseverante que supone un noventa por ciento de "transpiración" y un diez por ciento de "inspiración". Toda persona que, por la índole de sui trabajo, debe hablar en público tiene la responsabilidad ético-profesional de hacer un esfuerzo para mejorar su capacidad de comunicación.
          Lo esencial es saber reunir y ordenar los pensamientos, las ideas y las convicciones propias, en relación con el tema que es motivo de la conferencia o el discurso; encontrar una forma de presentarlos clara, precisa y atractiva; y aprender a expresarlos adecuadamente para que sean comprendidos por aquellos a quienes está destinado el mensaje. Una buena comunicación no consiste fundamentalmente en hablar bien, sino en decir algo a otro u otros de forma tal que los destinatarios reciban y comprendan el mensaje.


Tomado de Hablar en público y saber comunicar de Ezequiel Ander-Egg